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Carrera · min

Construyendo oportunidades

Cómo pasé de tomar exámenes de licencia en papel a desarrollar software — y por qué empezar tarde no fue una desventaja.

Publicado 18/06/2026
desarrollo de software · primer empleo · cambio de carrera · gobierno digital

Durante meses mandé muchísimos currículums y no recibí una sola respuesta. Empecé a estudiar programación de grande, después de años de experiencia laboral en rubros muy distintos —tanto en el sector privado como en el público—, en trabajos que no tenían nada que ver con el código. No venía del camino típico: ni la edad "correcta", ni el recorrido lineal que parecen pedir los avisos. Cada CV que mandaba caía en un silencio. Y el silencio, cuando se repite, empieza a parecer una respuesta. Fue un momento bastante frustrante. Sentí que todo el esfuerzo que había realizado no tenía validez e, incluso lo reconozco, me enojé un poco. Podría haber seguido esperando. En cambio, decidí mirar lo que tenía adelante.

El problema estaba en mi propio escritorio

En ese momento trabajaba en el área de Inspección de la municipalidad. Entre otras tareas —tránsito, comercios, caminos vecinales—, me tocaba tomar los exámenes teóricos a las personas que querían sacar su licencia de conducir. Todo se hacía en papel. Procesos lentos, corrección manual, poca trazabilidad. Cada examen era una hoja que se llenaba, se corregía a mano y se archivaba en algún lado. Lo veía todos los días desde adentro: no como un usuario que se queja, sino como la persona que tenía el problema entre las manos. Y un día la pregunta dejó de ser "¿por qué nadie me da una oportunidad?" y pasó a ser otra: "¿qué puedo hacer desde mi lugar para resolver esto?"

De una idea suelta a un sistema real

A principios de 2025, en mis ratos libres, empecé a darle forma. La primera versión fue chica y honesta: una aplicación de escritorio en Python con Tkinter y SQLite que cargaba los datos del aspirante, mostraba el examen, lo tomaba y generaba un PDF con el resultado. Funcionaba. Pero tenía un techo: necesitaba una PC fija y solo servía en un centro de emisión. En un municipio con varias localidades, eso no escalaba. Y ahí, en vez de conformarme con que "andaba", me planté el desafío de construirlo en serio. Esa segunda versión —que llamé ConduTest— me obligó a recorrer el ciclo de vida completo del desarrollo de software, no un pedazo: Ya no era solo una app local: tenía backend centralizado, clientes para Windows y Android, roles diferenciados, autorización de dispositivos, auditoría, firma digital de resultados, backups cifrados y despliegue en la nube con contenedores y reverse proxy. En el camino aprendí cosas que ningún tutorial te enseña del todo: manejo de sesiones, cifrado de campos críticos y de backups, firma digital, auditoría de acciones, un modelo híbrido para autorizar o revocar los dispositivos conectados, despliegue en un servidor de verdad. Probé que respondiera fluido incluso en una tablet de gama baja con 1 GB de RAM, porque iba a usarse en condiciones reales, no en mi máquina de desarrollo. No fue un proyecto de portfolio inventado para mostrar. Fue una solución a un problema concreto que yo vivía todos los días.

La presentación

Cuando lo tuve funcionando, lo presenté a las autoridades. No lo llevé como una idea abstracta ni como una promesa: mostré un sistema real, usable, pensado desde el funcionamiento cotidiano del área y construido por alguien que conocía el problema desde adentro. Meses después me llamaron para sumarme como desarrollador del municipio. Hoy trabajo construyendo los sistemas digitales de la misma institución en la que, no hacía tanto, corregía exámenes con una lapicera.

Lo que me llevo

Si tuviera que quedarme con una sola idea de todo esto, es esta: la oportunidad que no llega se puede construir. No digo que sea fácil ni rápido —entre el primer CV sin respuesta y la llamada pasó más de un año y medio, y mucho de eso fue trabajo a contraturno, frustración y dudas—. Pero hay una diferencia enorme entre esperar que alguien te valide y ponerte a resolver un problema que tenés enfrente. Lo segundo, además, habla por vos mejor que cualquier currículum. Y sobre haber empezado tarde: dejé de verlo como una desventaja. Llegué a la programación después de años de experiencia en rubros muy distintos, públicos y privados. Eso no me restó tiempo; me dio criterio. Y cuando hoy diseño un sistema municipal en particular, no parto de una abstracción: parto de haber estado del otro lado del mostrador, sabiendo exactamente dónde duele. El examen de conducir en papel fue, sin que yo lo supiera en ese momento, la puerta de entrada. Solo que la puerta no estaba abierta esperándome. La tuve que construir yo.